30 mar 2011

Escribir es horrible

Que te guste escribir es una de las peores cosas que te puede pasar en la vida.

Se sabe que es un acto solitario, donde nadie te va a aplaudir ni a escuchar lo bien que entones, donde tenés que tener mucho cuidado con un punto o una coma mal puestos porque te pueden arruinar el sentido de lo que querías decir. Acá no hay gestos o ademanes que te ayuden a que el otro, el lector, te entienda. ¿Y si te entiende pero no le gusta? Estuviste tres horas puliendo esa palabra para que quede como la más preciosa gema y ahora que la conseguiste al otro no le convence. Por eso hay que escribir sin pensar mucho en el lector. Pero mirá si lo que escribís mañana lo podés editar y te dan vergüenza todas las cosas obscenas que escribiste. ¿Qué va a pensar tu mamá? Pero si escribís todo lo que pensás entonces estás haciendo terapia, no estás escribiendo en serio. ¿Y si mando lo que redacté el otro día a un concurso? Es un montón de guita y seguro que no vas a ganar: siempre hay alguien que escribe mejor que vos, que tuvo la misma idea o que está acomodado con alguien del jurado. Pero ¿sabés que hay algunos en que podés mandar tus textos por e-mail? Seguro que te roban la idea, ¿quién controla lo que se sube a internet?

Que te guste escribir es una de las peores cosas que te puede pasar en la vida.

No me gusta lo que escribí. Encima se lo mostré a mi amiga y puso cara de conforme pero en realidad yo sé que piensa que es una basura. ¿Lo tiro? ¿Lo guardo y veo qué hago con esto en unos años? Tendría que aprender a escribir mejor pero los talleres literarios que hay o son caros o te quedan demasiado lejos y los horarios no convienen. Hay que leer más para escribir mejor. ¿Viste lo que salen los libros?

Que te guste escribir es una de las peores cosas que te puede pasar en la vida.

Entonces ¿por qué lo seguís haciendo? ¿Por qué escribís en el cuaderno que tenés escondido entre los libros de la biblioteca? ¿Por qué te esmerás tanto en ese comentario que hacés en el facebook? ¿Por qué aún perseguís el sueño de que algún día alguien te pare por la calle y te pregunte si vos sos la persona que escribió el libro que le cambió la vida? ¿Por qué tenés pequeños archivos en tu computadora en los que escribís lo que te pasó en el día, esperando que esa oruga literaria algún día evolucione en una bellísima mariposa?

Que te guste escribir es una de las peores cosas que te puede pasar en la vida.

Lo sabés. Lo sabés y te encanta. Lo sabés y seguís imaginando nuevos mundos. Lo sabés y querés escribir esa anécdota que te pasó en el trabajo para que alguien, algún día, la lea y le guste, la relea y se enamore de vos.

Que te guste escribir es una de las peores cosas que te puede pasar en la vida.

Y seguís adelante palabra tras palabra, párrafo tras renglón. No te importa que no haya un ramo de rosas esperándote cuando termines de escribir ese poema o un aplauso de pié cuando le pongas punto final a la novela que hace tantos años venís escribiendo. Seguís adelante porque en ese pequeño universo que formás con lo que escribís sos el emperador. En un minuto creás un mundo y en menos tiempo lo podés borrar.

Escribir es jodido, pero como nos gusta.

16 feb 2011

Mal hablado (cuento del libro Soy tu monstruo ilustrado por Frank Hilzerman)




















“Instruye al niño en su camino, y aún

cuando fuere viejo no se apartará de él.”

Proverbios 22: 6

La familia González toda (entiéndase el bebé Pablito, sus padres y sus abuelos) festejaba con las emociones propias a la fecha que los nucleaba.

En una ausencia fónica de los mayores el pequeño Pablito profirió el siguiente lexema: “Jai”.

El resto del núcleo familiar atendió prestamente a tan inusual sonido, por ser el primero emitido con cierto énfasis y sentido por el infante, el cual repitió “Jai” algunas ocasiones más, antes de recibir su biberón lácteo.

Como se estila en estos casos los integrantes de la familia intentaron proseguir con el adoctrinamiento lingüístico (resignificado por el hecho de que el niño era primer hijo y primer nieto), el cual básicamente consiste en el refuerzo egocéntrico del instructor, quien enseña al alumno algún apelativo que lo represente adecuadamente.

Sin embargo el espasmo total llegó tres semanas después, cuando el pequeño Pablo se despachó en una sobremesa con un sonoro: “Hello!”.

Tras el estridente sonido de la vajilla y el enrojecimiento facial que la repetición del saludo anglosajón convirtió en risas cálidas, comenzaron con la indagación de quién le había enseñado al bebé el término emitido, y, ante la negativa general, se adjudicó el fenómeno a la institutriz televisiva.

Los lingüistas y fonoaudiólogos comenzaron a llegar al hogar cuando, sin la intervención familiar, Pablito comenzó a repetir palabras como “daddy”, “granma” o “dog” (esta última en alusión a su mascota).

Pronto el infante comenzó a formular sentencias, dejando de lado los fonemas sueltos, y por más que los González y el equipo de profesionales impartieran la repetición y enseñanza constante de la lengua vernácula, el niño no dejaba de avanzar en sus nominalizaciones inglesas.

Después de dos años y ocho meses de esfuerzos infructuosos la familia desistió de su método y en pos de la canónica unidad se inscribieron en un curso avanzado de una British School.

Así Pablito, sus padres y sus abuelos, avanzaban en su entendimiento anglosajón, en su mutuo descubrimiento lingüístico inglés en pleno barrio de Palermo, a tres cuadras del Jardín Botánico (dicho sea de paso tan inusual comportamiento conversacional por parte de los González despertaba las más variadas opiniones en sus allegados y vecinos, la mayoría malintencionadas).

Un buen día, uno de los ya fracasados profesionales que había emprendido el asesoramiento familiar les insinuó que el problema del niño no era más que una manera de llamar la atención, y que, tras arduos estudios psicológicos, había llegado a la conclusión de que la anomalía finalizaría con la llegada de un hermano/a para Pablo.

Ante la sugerencia los padres se miraron asombrados y ya que de todos modos estaba en sus planes agrandar la familia se abocaron a la empresa, convencidos de que no se perdía nada.

Nadine llegó nueve meses y siete días después.

Pablito no cambió en lo más mínimo sus expresiones.

“My sister!!” dijo cuando visitó a su madre en el hospital y vio a su hermana en los cuidadosos brazos. Se detuvo estático junto al níveo lecho y como desde un sueño sentenció: “She´s so beautiful”; a lo que el resto de la familia asintió mientras la obstetra codeaba a la enfermera, y esta rumiaba: “¿Lo qué?”.

Nadine creció hasta convertirse en una preciosa beba. La familia González era plena y feliz y ya se había acostumbrado al bilingüismo, por lo cual esperaban impacientes los primeros balbuceos de la niña para dilucidar cuál de los idiomas adoptaría.

Todos se cayeron de culo cuando Nadine, aventajando evidentemente a su hermano, dijo con claridad, en medio de un silencio de la misa dominical, lo que todos los entendidos presentes interpretaron como un cristalino “Bon jour”.

Diablo residente (cuento del libro Soy tu monstruo ilustrado por Cinematronic Labs.)
























Porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.

2 Corintios 11:14

La muerte golpea en cada página, lo sé.

Con William Hodges teníamos la costumbre de quedarnos hasta altas horas de la noche revisando los vastos tomos de su biblioteca (una de las más grandes que he visto) y discutiendo sobre literatura, en la mayoría de los casos con alguna bebida que hiciera más tolerable al ajeno. En uno de los tomos de la The Anglo- American Cyclopaedia (por más que intento no recuerdo la edición) una noche encontramos un artículo del cual atesoro la traducción de un fragmento que realizamos esa noche:

“Sabido es que Satanás, antes de señor de los Infiernos ser, en el ángel más hermoso del Cielo se constituía. En la mano derecha de la Trinidad que es Uno se formaba. Mas el anhelo mal lo condujo cierto atardecer.

La maldición que sobre él pesa es de pocos conocida, sólo por algunos quienes los sortilegios dominar pueden, los alfanjes de su Majestad, el Rey, esquivando. Tras un ciclo de 1313 años (Satanás el ángel número 13 era, sin importar los desdichados en torno a la última mesa) el príncipe de los avernos convocado es a la Tierra, para cumplir de residente su trabajo: por 13 días ha de ser el ángel que solía ser (ni siquiera un poco mejor o un poco peor, el ángel que solía ser, tan sólo) y a las nuevas huestes celestes que se renuevan al término de ese lapso de tiempo instruir.

Ni aún queriéndolo el mal puede efectuar o el más mínimo provecho de la estadía sacar, valiéndose de sus antiguos camaradas: tras el lapso de los 13 días, del Diablo la mente completamente borrada es; no valen infructuosos intentos por realizar: sólo con un vacío de 13 días con sus noches se encuentra.

Es, o debería ser, sabido que la Peste Negra que a un tercio de los europeos se llevó en el siglo 14, por Satanás ocasionada fue, en un furioso arranque por su convocatoria el siglo anterior, el 13, a las jornadas de adoctrinamiento. Salvados somos hasta el 2600, por temer nada tenemos, pero nunca seguros hay que reposar: a algunos de los ángeles que con Satanás antes estaban (si el número 13 le asignamos, entenderemos que 12 había antes) consigo se los llevó. Cada cierto número de años (revelarlo no nos ha sido dado) llamados a ser residentes, aunque con labores diferentes a su señor, en la Tierra ellos son, con su blanqueo de memoria correspondiente y su posterior cólera. Entre los 12, que son 13 con Lucifer, están: Azazel, Alastor, Astaroth, Belphegor, Asmodeo, Beelzebub (de las moscas el señor) y otros hasta los 13 alcanzar. A los demás mencionarlos no nos es permitido porque aún junto a la Trinidad que es Uno permanecen, como éstos no han caído, seguidores de aquel que cada 1313 años, 13 días pasa de residente trabajando en la Tierra.”

Hodges fue encontrado muerto en un café. Algunos dicen que una mujer lo acompañaba minutos antes.

Yo también espero la guadaña.

22 dic 2010

Valeria Lynch contra los floggers (cuento del libro Sentido raro ilustrado por Miguel Vesco)



Cada viernes a la tarde es fija que en la esquina de Urquiza y San Martín, para molestia de los pobres próceres, se junten los floggers.
Un desfile de colores, que de pedo podría igualar un gay parade, se desata. Se reúnen en grupitos, y uno solo por vez baila entreverando los pies. Se llaman por los nombres del fotolog de cada uno: “Mirá, ahí está /controversiaexistencial08”. Mátenlos, por favor, mátenlos.
Una chica habla de sus ortodoncias nuevas que combinan con el color de sus chupines.
Otra chica (¿o es un chico? no sé) le dice a otro/a: “effeame”. ¿Wath?
—Carita ruborizada.
—Sos una boluda, arre.
Un parlante comienza a sonar a lo lejos, la música electrónica tapa un poco el bullicio, los floggers aprovechan el movimiento y a una velocidad imperceptible escriben sus direcciones de fotolog en las paredes del Club Social.
Bajo un árbol que da a la plaza dos chicos fuman. Uno le toca el culo al otro.
Sueño con el día en que caiga una lluvia de bombuchas en esta esquina de la peatonal.
De pronto comienza a sonar lo que ninguno de los que bailan al compás individual jamás oyó: Un montón de sueños que soñando están.
Se oye un canto en alta esfera. Los cielos se abren en una apocalíptica imagen que ni el Juicio Final de Miguel Ángel. Rodeada de ángeles, arcángeles y serafines, desciende de los cielos, cual virgen santísima e impoluta, Valeria Lynch.
Todos los floggers alzan las cabezas menos uno que, con el celular en un oído y la mano tapando el otro, sigue bailando. Un rayo lo fulmina. No hay gritos de horror. Nadie puede apartar la vista de la mujer que es una y es tres, que contiene todo lo que el vasto universo descuaderna, que es diminuta y es inmensa, que es todo lo sucedido y lo que vendrá.
Atormentada por amor, mujer dolor, pudo mas la fe y mi corazón cerró su herida despierta soledad, envuélveme, soy esa extraña dama que esta dispuesta a vencer.
En su mano la virgen lleva el sagrado corazón.
Mira a sus floggers con una mirada compasiva, llena de ternura. Pero la mirada desaparece y el odio la remplaza. De la nada aparece una maza con la que de un solo golpe arranca la cabeza de cuatro chicos de flequillo planchado. Todos intentan huir pero los ángeles impiden la estampida para que la Regia siga con su carnicería. Los floggers caen uno a uno, con cuerpos masacrados e irreconocibles. Las cuentas de los collares de plástico ruedan por la peatonal. Tres minutos después no queda nadie en pie. Y Valeria Lynch vuelve al cielo lentamente, desapareciendo hacia un punto infinito mientras un prístino agudo llena las nubes: Soy esa extraña dama, que está dispuesta a vencer.

Sangre que no has de beber (cuento publicado en Soy tu monstruo ilustrado por Lisandro Pierotti)


Después de haber estudiado los correctos cuatro años del profesorado, el vampiro se recibió.

Luego de caminar y recorrer el mundo, tras miles de años sin epitafio, el vampiro decidió convivir con los mortales.

Era un docente moderno, actualizado, juvenil, como todo recién egresado.

Sus alumnos sabían que era imposible copiarse en los exámenes, porque en cuanto sospechaba de alguien, rápido como un rayo, realizaba un salto a lo largo y por lo alto del aula, realizando un giro aéreo que el mejor trapecista envidiaría, para luego caer junto al sospechado.

Su problema eran los cuellos jóvenes y hermosos de los alumnos, que con persistencia, latían e incitaban. No eran muchos. Pero eran.

Él era firme.

Él poseía la moral docente.

Por eso nunca bebía de nadie… mientras fuera su alumno.

Toilette (cuento del libro Soy tu monstruo ilustrado por Maxi Sanguinetti)


A Luciano


La gente no entra a los baños de las iglesias, y si lo hace lleva un temor antiguo a la observación, a que alguien mira desde arriba.

Los que no entran a los baños de las iglesias no saben lo que se pierden.

Existen iglesias sólo católicas, donde el fiel para ir al baño debe golpear sus talones y creer mucho en el baño. La calidad del baño será el efecto causado por la fe. Al Papa no se le aparecen los baños porque él no cree en ellos. Tiene otras cosas más importantes donde volcar su fe.

Se conocen historias de baños protestantes donde un pasillo sucede a otro en sentido contrario o lateral, inverso u oblicuo y, tras horas de caminar por largas cajas de azulejos se llega a una habitación forrada con satén donde esperan dos minotauros con cara de pocos amigos: uno tiene cuerpo de hombre con cabeza de toro y el otro, cuerpo de toro con cabeza de hombre.

Existen iglesias donde hay baños de los comunes nomás, pero no suelen ser tan interesantes, en esos casos conviene cerrar bien la puerta y arrojar la llave a la alcantarilla, no vaya a ser que a algún pobre diablo se le ocurra entrar.

22 nov 2010

Teta diferida (cuento del próximo libro Sentido Raro)

Los trabajadores de la quinta sucursal del Banco Provincial de Moldavia sabían que la Supervisora e Inquisidora Monetaria Nacional llegaría a su banco en quince minutos. Nadie había llamado, ningún memo había alertado de su llegada, pero desde hacía cinco minutos un círculo rosado se había comenzado a dibujar ante la gerencia. Poco a poco los detalles se concretaban: pezón y aureola, poros, colores definidos… sí, era la teta diferida de la Supervisora, que siempre llegaba a los lugares antes que ella, arruinando cualquier redada contable, cualquier cumpleaños sorpresa, cualquier llegada a casa, con un marido que la esperaba con la comida lista y el amante despachado con suficiente tiempo de anticipación.

11 ago 2010

El arma entre las hierbas (cuento del libro Soy tu monstruo ilustrado por Lisandro Pierotti)

El arma entre las hierbas

Salieron los dos a caminar por los campos y observaban como los vientos sacudían las hierbas. Ella lo miraba con ojos llorosos. Él sabía ya de su muerte porque la adivina se lo había dicho, y los oráculos –aunque de barrio- no mienten. Era cuestión de horas.

Ser víctima es cuestión de horas.

Se sentaron y las hierbas les acariciaban los rostros.

Él estiró la mano y tomó un puñado de palomitas de maíz que ella había condimentado con chile y tenía en una bolsita minúscula.

El crujido dentro de la boca masculina, que circundaba una barba hirsuta, coincidió con la rama que pisó el cazador y el disparo de su escopeta.

La confusión estaba en el aire.

Él cayó mientras la sangre lo teñía. La lágrima de ella también cayó, cristalina.

El arma del confundido cazador se perdió entre las hierbas.

Y el viento siguió pasando, azotando pesares.

26 jul 2010

Je suis Marie Antoinette (poema del libro inédito Sangre Real)

Je suis Marie Antoinette

(…) no he tenido ningún ascendiente

sobre las ideas o pensamientos del rey (…)

María Antonieta de Austria

yo he demudado mis ropajes en nuestras fronteras

por ti renuncié a mi trono

y ya la gente comenta que no puedo darte hijos

que ni siquiera me tocas

si los pobres no tienen pan

yo les diría que coman pasteles

sólo si lo pides tú

renuncio a mi gloria

a mi vida

¡que venga la muchedumbre!

suficiente cuello hay para todos

prometo pedir perdón a mi verdugo

y no llorar por mi hijo muerto

o por el encarcelado

ya no quedan albricias

sólo los castos besos que ya no vuelven.

1 jul 2010

Bestiario (cuento publicado en Soy tu monstruo, ilustradon por Patricio Oliver)




La reunión solía variar de lugar y al mismo tiempo era siempre en el mismo sitio: el lomo del kraken.
Por lo general las bestias que se reunían cada solsticio a deliberar sus asuntos solían sentarse por grupo zoomórfico, a fin de evitar las disputas, según lo establecido en el acta cuatrocientos veintiséis, correspondiente al año setecientos veintiocho de la era que se dio en denominar cristiana.
En el grupo de reptiles, serpientes en su mayoría, estaban: la anfisbena (serpiente de dos cabezas, reina de las hormigas que la mantienen; si la cortaban en dos partes, éstas se reagrupaban), el basilisco (a quien buscaban desde el desierto que él mismo se creaba y le vendaban los ojos pues era sabida por todos la virtud que heredara de su madre, Medusa ), la incombustible salamandra, y el dragón (con sus escamas negras resplandecientes, custodiando o no tesoros, exhalando o no fuego era la bestia más enigmática y buscada por los héroes que querían ser alguien).
El grupo de los mitológicos estaba integrado por: arpías (aves con rostros de damas y garras para arrebatar aquello con que saciar la palidez de su hambre), el cancerbero (con restos en las uñas de las almas que desgarraba en la entrada del averno y chorreando baba, por sus tres bocas, capaz de envenenar una selva) junto a su espejado T’ao-T’ieh, el centauro con su antítesis el minotauro, la esfinge egipcia (con cuerpo de león y cabeza de hombre) y la esfinge griega (con rostro y pechos de mujer, alas de ave y cuerpo de león) esgrimiendo entre sí los más intrincados acertijos, la desenterrada cabeza de la Hidra de Lerna (si tuviera su cuerpo formaría parte del grupo de las sierpes), el hidebehind (a quien ningún humano ha visto, con retazos de camisas de leñador yankee atados a la muñeca), la Quimera, las Sirenas (que apoyaban sus humanos torsos en el lomo del kraken y hundían sus escamas en el agua, cantando a coro las más bellas y bestiales canciones) y el unicornio.
El Ave Fénix encabezaba el grupo de las aves (refulgentes plumas doradas y carmesí que renacían de las llamas, San Ambrosio lo citó en cuanto a la resurrección de la carne), junto con el Roc (por su descomunal tamaño flotaba junto al kraken, mientras masticaba lo que quedaba de un elefante), Garuda (mezcla de ave y hombre en quien cabalgaba Vishnu, agitando sus cuatro brazos entre las nubes), el Grifo (con partes delanteras de águila y traseras de león, con sus garras acarreaba yuntas de bueyes a su nido) junto a su hijo el Hipogrifo, el Pelícano (no el que conocemos sino aquel del que escribiera Da Vinci, que para resucitar a sus hijos muere) y el Simurg.
Sin grupo se encontraba la mandrágora (la planta que grita al ser arrancada, volviendo loco a quien la oye y acarreando calamidades), y bajo el agua oía la Rémora.
Junto al kraken había una isla con sus selvas, montañas y grietas, pero todos sabían que se trataba del Zaratán.
Sin dudas faltaban muchos pero la reunión siempre empezaba en horario, no podían permitir dilaciones, menos suponiendo que algún nuevo héroe quisiera demostrarse al mundo, yendo en contra de alguno de los socios en algún lugar del mundo.
El inmortal Ave Fénix inició la reunión. La discusión tornó sobre la importancia de cada uno según la plasmación literaria humana. Algunos no hablaban porque sabían que no figuraban en la literatura, otros no hablaban porque sabían que su magnitud excedía las palabras.
Sin embargo la discusión se fue de las manos. Entonces llegaron el Behemoth que es uno y es plural, como bestia bíblica (y como tal con más poderío) y el Leviatán, uno en el lomo del otro, e intentaron ponerle fin. El desorden fue general y los reptiles y las aves se atacaron.
Un rayo cruzó el cielo. Jugaban con lo incomprensible.
Cuando el kraken empezó a hundirse entre las aguas, el pequeño mono, de pelos negros y sedosos, que hasta el momento estaba sentado cómodamente en el escritorio, con una mano sobre la otra y las piernas cruzadas, se abalanzó sobre el tintero y bebió los resabios de su interior.
El Uroboros devoró el mundo de un bocado.