22 nov. 2010

Teta diferida (cuento del próximo libro Sentido Raro)

Los trabajadores de la quinta sucursal del Banco Provincial de Moldavia sabían que la Supervisora e Inquisidora Monetaria Nacional llegaría a su banco en quince minutos. Nadie había llamado, ningún memo había alertado de su llegada, pero desde hacía cinco minutos un círculo rosado se había comenzado a dibujar ante la gerencia. Poco a poco los detalles se concretaban: pezón y aureola, poros, colores definidos… sí, era la teta diferida de la Supervisora, que siempre llegaba a los lugares antes que ella, arruinando cualquier redada contable, cualquier cumpleaños sorpresa, cualquier llegada a casa, con un marido que la esperaba con la comida lista y el amante despachado con suficiente tiempo de anticipación.

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