18 jun. 2010

Enfermera (cuento publicado en el libro Soy tu monstruo) ilustrado por Lucas Mercado

Enfermera

Soy enfermera en el sector de Neonatología del Hospital de San Petesburgo. Soy de las enfermeras que aún usamos cofia.
Hoy es 6 de junio de 2006. O sea 6 del 6 del 6. O sea 666. O sea el número de la bestia. O sea el Diablo, Satanás, Lucifer. Dicen que hoy nacerá el Anticristo. No creo en eso.
Por las dudas estaré alerta en mi trabajo y me encargaré de asfixiar a todo recién nacido.

10 jun. 2010

se me rayó el teflón

ya no me resbala nada...

8 jun. 2010

Debajo de cada entrada hay algo que dice "comentarios" ahí podés dejar algo escrito si querés...

En mi tejido soy Penélope (versión en castellano y catalán del libro (inédito) Sangre Real)

En mi tejido soy Penélope

(…) para acostarme en aquel lecho

que tan luctuoso es para mí (…)

Penélope (Homero. La Odisea)

mis manos lloran tras las llagas

y las lágrimas corren por los surcos

que dejan las agujas

kilómetros de hilos recorrí

algunos en el tejido

otros para zurcir heridas

con la última puntada

la saeta de quien espero rasga la tela

el cuerpo que retorna es tapiz

soy el reverso de la trama

soy el reverso de la espera.

Publicación en la revista Paraná per anar endavant número 2/30- Abril, Mayo y Junio 2008.

En el meu teixit sóc Penélope

per ajeure'm en aquell llit que tan luctuós és per a mi

ja les meves mans ploren rere les nafres

i les llàgrimes còrren pels solcs

que em deixen les agulles

quilòmetres de fils han passat

alguns pel meu teixit

altres per sargir les ferides

Quan dono l’última puntada

la sageta de qui espero esquinça la tela.

Ganador de los Segundos Juegos Florales en la categoría poesía en catalán como lengua no materna del Casal Catalá de Berlín. 23 de abril de 2008.

Publicación en la revista Paraná per anar endavant número 2/30- Abril, Mayo y Junio 2008.

4 jun. 2010

Las del apagón (cuento del libro inédito (aún) Sentido Raro e ilustrado por Germán Salazar


Cuando llega el apagón, cuando las luces del centro de la ciudad se cortan de noche, las esposas saben que no pueden dejar salir a sus hombres porque las mujeres sueltas violan a lo primero que se les cruce. Los solteros y desesperados caminan por las veredas, con las manos en los bolsillos, tentando a la buena suerte. Los niños espían entre las cortinas sin entender por qué las abuelas gritan obscenidades como las que se alcanzan a oír desde el callejón de unos metros más abajo. Hay quien dice que los apagones son provocados y están los que sostienen que hacen bien a la sociedad. Cuando las luces se desvanecen y lo único que brilla en las calles son los faros de los automóviles, las mujeres desatan tormentas de rimel y rouge, de fragancias importadas y portaligas enredados. Cada parada de colectivo es un abrazo, cada puesto de diarios un gemido, cada vereda un fluir de palabras pornográficas que invitan a los hombres a lanzarse de los balcones a los escotes de las señoritas que los esperan, con las piernas abiertas.

Olga (cuento del libro inédito (aún) Sentido raro)

—…Y ahí la vi a la vieja de mierda esa, que me había hecho la vida imposible cuando trabajaba en el colegio. Seguía teniendo la misma joroba y aún caminaba como una tortuga…

El otro pregunta:

—¿Cómo se llama?

—Hmm… Tania. Pero no me acuerdo el apellido. Creo que era judío.

Entonces, desde el rincón oscuro, alguien grita:

—¡Hay que matarla y convertirla en jabones!

Los amigos se miran con rostros sorprendidos.

Ninguno alcanza a distinguir a Olga, la araña nazi, agazapada en la oscuridad.

Chinchillas al fin (cuento incluido en Soy tu monstruo e ilustrado por Miguel Vesco)



“La caída del Imperio Británico fue el fin de los mayordomos.”
Alberto Laiseca


La señora Olivetti se enfureció después de haber comprado sus camisas y camisolas de seda de Gucci, Versace y Cavalli. La lluvia y el frío no le permitían lucirlas. Arrojó las bolsas en un rincón del vestidor. Se puso una polera (puteó porque le tapaba los Swarovski y se los sacó) y se abrigó con el tapado de chinchillas.
Los tacones repiquetearon en el mármol del porche y mientras bajaba las escaleras (resguardada por el paraguas de su mayordomo) resbaló.
¡Mierd…!, dijo y fue lo último y el apagón. No llegó a tomar el té.

Tacones cercanos (cuento del libro Soy tu monstruo- Art Toy: Mana Key)


Todos sabían que sería puto desde antes que el niño lanzase su primer llanto. Hasta la obstetra y las enfermeras se asombraron. El bebé nació con un apéndice óseo que crecía en cada uno de sus talones. Cada prolongación medía cinco centímetros, como si se tratase de pequeños tacos altos. Radiografías y estudios sólo develaron la imposibilidad quirúrgica.

Tardó hasta los tres años en aprender a caminar, pero una vez que dio sus primeros pasos nadie igualaba su cadencia meneosa. Desde el ingreso a la escuela hasta la finalización del colegio usó zapatos ortopédicos con el correspondiente agujero en el talón, donde injertaba los tacones de hueso, que crecían con el mismo ritmo que el cuerpo.

El problema eran las sábanas.

Nunca se destacó en el rendimiento escolar. No fue distinguido. Era más bueno que el coach de Lassie. Una vez que tuvo el título de bachiller en sus manos mandó a todos a la mierda y se fue a la capital. Allí hacía resonar los tacones en toda calle y acera. Pronto llegó la fama y el estrellato. Se disputaban su presencia desde los altos diseñadores de accesorios hasta los congresos de traumatología.

Supo manejar bastante bien su vida pública aunque la privada fuese un sin sentido. “Idealizo con tanta facilidad”, solía repetir a sus allegados.

La noche era su aliada. Las grandes discotecas, su guarida. Y aunque fuese el centro de la vorágine no olvidó los años de zapatos ortopédicos.

En el fondo siempre late una crisálida.

La portada de Vanity Fair

Todas las princesas de Disney se juntan

posan ante el fotógrafo que las retrata
e inventan una sonrisa tan falsa como sus vidas

nadie muestra a Pocahontas viviendo en Londres
destacando entre la multitud rubia
respirando como puede a través del corsé
y jugando al bridge con las señoras a la tarde

intenta mantener la cordura
y no demostrar que es un museo ambulante

nadie habla de la traición que por celos
cometió Megara contra Hércules
al alcanzarle la túnica nueva
impregnada con la sangre del monstruo

Bella ya no puede sentarse correctamente
permanece de pie en el fondo de la fotografía
los moretones casi no se ven
a través del maquillaje
son las marcas del amor
que le deja la bestia de su esposo

una asistente del fotógrafo
retoca el maquillaje de Alicia mientras ella fuma

escribe con dedos ligeros un mensaje en su i-phone
extraña el lsd que le permitía viajar al más allá
aunque a veces ve al conejo blanco en sus pesadillas

ya rompió ocho espejos
intentando atravesarlos
y hay que cubrir las cicatrices
con una doble capa de Maybelline

dos pasos más allá de donde está parada Cenicienta
fuera del foco de la cámara
pero cerca de la rubia princesa
están parados dos agentes de policía
que la protegen a sol y a sombra
tras los frustrados intentos de homicidio
por parte de sus hermanas

la Bella Durmiente bosteza a un lado

la Sirenita
que ya no lo es más
después de renunciar a sus aletas por amor
lleva una pecera redonda contra su pecho
y habla sin parar con el cangrejo
que se arrastra entre las piedritas de colores
y las plantas de plástico

en el centro de la fotografía está Blancanieves
ninguno de los seis enanos la acompaña

(son seis desde la muerte de Tontín
atropellado por un conductor ebrio)

dos ruiseñores le acomodan el cabello
y le arrancan una cana del flequillo

Jazmín está prisionera
perdida en algún punto del desierto de Irak
dicen que es amante de Bin Laden
y que Aladdin tuvo que ver con las torres gemelas
por eso no aparece en la foto

surgen nuevas sonrisas almidonadas
el flash las ciega por instantes

después de la luz relajan sus kilos de más
aguantados en los vestidos
cuyas costuras están por reventar.