4 jun. 2010

Tacones cercanos (cuento del libro Soy tu monstruo- Art Toy: Mana Key)


Todos sabían que sería puto desde antes que el niño lanzase su primer llanto. Hasta la obstetra y las enfermeras se asombraron. El bebé nació con un apéndice óseo que crecía en cada uno de sus talones. Cada prolongación medía cinco centímetros, como si se tratase de pequeños tacos altos. Radiografías y estudios sólo develaron la imposibilidad quirúrgica.

Tardó hasta los tres años en aprender a caminar, pero una vez que dio sus primeros pasos nadie igualaba su cadencia meneosa. Desde el ingreso a la escuela hasta la finalización del colegio usó zapatos ortopédicos con el correspondiente agujero en el talón, donde injertaba los tacones de hueso, que crecían con el mismo ritmo que el cuerpo.

El problema eran las sábanas.

Nunca se destacó en el rendimiento escolar. No fue distinguido. Era más bueno que el coach de Lassie. Una vez que tuvo el título de bachiller en sus manos mandó a todos a la mierda y se fue a la capital. Allí hacía resonar los tacones en toda calle y acera. Pronto llegó la fama y el estrellato. Se disputaban su presencia desde los altos diseñadores de accesorios hasta los congresos de traumatología.

Supo manejar bastante bien su vida pública aunque la privada fuese un sin sentido. “Idealizo con tanta facilidad”, solía repetir a sus allegados.

La noche era su aliada. Las grandes discotecas, su guarida. Y aunque fuese el centro de la vorágine no olvidó los años de zapatos ortopédicos.

En el fondo siempre late una crisálida.

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