22 dic. 2010

Toilette (cuento del libro Soy tu monstruo ilustrado por Maxi Sanguinetti)


A Luciano


La gente no entra a los baños de las iglesias, y si lo hace lleva un temor antiguo a la observación, a que alguien mira desde arriba.

Los que no entran a los baños de las iglesias no saben lo que se pierden.

Existen iglesias sólo católicas, donde el fiel para ir al baño debe golpear sus talones y creer mucho en el baño. La calidad del baño será el efecto causado por la fe. Al Papa no se le aparecen los baños porque él no cree en ellos. Tiene otras cosas más importantes donde volcar su fe.

Se conocen historias de baños protestantes donde un pasillo sucede a otro en sentido contrario o lateral, inverso u oblicuo y, tras horas de caminar por largas cajas de azulejos se llega a una habitación forrada con satén donde esperan dos minotauros con cara de pocos amigos: uno tiene cuerpo de hombre con cabeza de toro y el otro, cuerpo de toro con cabeza de hombre.

Existen iglesias donde hay baños de los comunes nomás, pero no suelen ser tan interesantes, en esos casos conviene cerrar bien la puerta y arrojar la llave a la alcantarilla, no vaya a ser que a algún pobre diablo se le ocurra entrar.

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